martes, 16 de septiembre de 2014

Todas las estrellas


     Todas las estrellas en tus ojos. La que hay en tu mirada y palpita hasta explotar y volver a renacer cada segundo, cada vez más grande. Un colibrí que canta en una ventana, que vuela a lo más alto, junto al sol. El sol camina, te ve y sonríe dentro de tu alma. Palabras que ya son de colores y sabores que huelen como las flores. Mes de la primavera todos los días. Girasoles brillando en el cuerpo. No más calles en silencio, obscuras y con bocas que ríen al caminar. Crisantemos danzando. Canciones de amor que se enamoran de los versos. Nieve que cae al cielo y ríos que regresan a las nubes. Besos desnudos. Una oruga que vuela sin alas. Lluvia y luna rojiza. Un universo con flores para acariciar tus labios. Mira abajo y ve el crecimiento de los árboles. Astros en la palma de la mano.  Todas las estrellas en tus ojos. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

Me hice adicta a House of Cards

     Un amigo me dijo en varias ocasiones lo buena que está la serie de House of Cards. Me daban muchas ganas de verla, pero por hacer otras cosas, como ver Star Trek, no le había dado importancia. 

     Comencé a verla un día que me puse a hacer ejercicio. Y ya no la solté. Como algunas personas se habrán dado cuenta, me encanta hacer impresiones de pantalla de lo que más me gusta. Aquí algunas imágenes, especialmente de frases que me encantaron (y Frank Underwood).

     Si no han visto la serie, se las recomiendo, es muy adictiva. 









































lunes, 14 de octubre de 2013

Scooby y la familia

Sobre una maceta de mi mamá.
El pasado 18 de septiembre se fue uno de los mejores amigos en cuatro patas que he tenido, y no solamente yo, también de mi familia, especialmente de mi madre, que en los últimos días no lo bajaba de “pinche perro” porque según ella no la dejaba dormir pero cuando se enfermó, fue a media noche a un hospital para que le pusieran suero porque ella no tenía ni idea de cómo hacerlo.


Scooby tenía trece años y medio, era un perro salchicha color negro, flojo, comía todo lo que había y a veces medio gruñón. En una ocasión, cuando mi primo tenía tres años, agarró un popote y se lo metió en la oreja para soplarle al perro…cuando estaba dormido. Ya se imaginarán que despertó alarmado y le dio una buena mordida; todavía tiene el recuerdo en la ceja, pero aprendió a no molestar de esa forma a alguien cuando duerme.

Trajeron a Scooby cuando yo tenía alrededor de nueve años, así que pasé parte de mi infancia y adolescencia con él. Me acostumbre a que cuando venía a dormir conmigo lo abrazaba como muñeco de peluche… Supongo que por esa razón dejó de dormir en verano conmigo.

Cuando él tenía once años, más o menos, lo atropelló una camioneta, me contaron. Y en lugar de lastimarse, parece que sólo lo golpeó muy fuerte y salió como dos metros volando, por lo que huyó corriendo a la casa lo más que pudo. Por lo menos ya tuvo más cuidado al cruzar las calles.

Tuvo algunas enfermedades a lo largo de su vida, como los humanos nos enfermamos. En el último año le salieron tumores pero andaba como en su juventud, de un lado a otro, molestando, ladrando y lo que más hacía: dormir. Pero en menos de una semana enflacó y se enfermó del hígado, que ya lo tenía dañado, dijo el veterinario.


Siempre que alguien dormía, él estaba ahí. Cuando había comida, él estaba ahí, ladrando. Pero más que nada siempre estuvo para abrazarlo y que te animara el día.


Mi primo, Scooby y yo.

Paty y Scooby hace como uno o dos años.

Paty y Scooby, hace muchos años.

Paty y Scooby, una foto algo vieja.

Scooby y yo en mi bici, como a los nueve años.

Eduardo, ¿Raiza?, Richy, Scooby y yo, un 15 de septiembre.

Scooby durmiendo sobre Niko.

Scooby en sus últimos años.

Así esperaba siempre que Paty se metía a bañar,
 incluso cuando se enfermó y no podía caminar bien.